¿Débiles o demasiado fuertes?

débiles o demasiado fuertes

Solemos asociar el llanto con la debilidad, y por tanto, pensamos que cuando alguien llora es débil. Sin embargo, no siempre es así, el llanto es una expresión de sentimientos y emociones, por lo que a veces no se llora por debilidad, sino por haber sido demasiado fuertes. ¿Por qué nos rompemos después de un momento de tensión? 

No podemos intentar ser fuertes todos los día, por ello debemos afrontar esos sentimientos y dejarlos salir. Aparentar normalidad y atornillarse una sonrisa no es la solución, ya que estás escondiendo tus emociones al mundo, pero a ti también y estas emociones escondidas, saldrán a flote en algún momento en  forma de problemas de salud.

Es posible que alguna vez te haya pasado, que después de un momento de gran estrés o tensión te hayas roto. Esto se debe a una respuesta de nuestro organismo que se diferencia en tres fases:

  • Alarma. En esta fase se activa la respuesta de lucha o huida. Estamos dispuestos a reaccionar ante el peligro. Se trata de esa fase en la que simplemente actuamos, sin pensar demasiado, con enorme energía.
  • Resistencia. Cuando la situación estresante no desaparece, pasamos a la segunda fase, en la cual aumenta el nivel de cortisol, segregado por las glándulas suprarrenales, que nos ayuda a combatir el estrés. El problema está en que estas glándulas terminan fatigadas y se extiende por todo el organismo.
  • Agotamiento. Aunque la situación estresante no haya desaparecido, llega un punto en el que nuestro organismo no puede mantener ese nivel de actividad y excitación. Se produce un colapso de hormonas produciendo la sensación de agotamiento tanto físico como psicológico.

Por tanto, el llanto en estos momentos no es por haber sido débiles, sino todo lo contrario, por haber luchado fuertemente hasta el final.

Los expertos recomiendan una serie de consejos para no dar más de lo que podemos ofrecer. 

  • Mantenernos atentos a las señales de estrés y angustia.
  • Sentirse bien con uno mismo, aceptarse y amarse por lo que somos.
  • Poner límites claros, no tanto para los demás como para nosotros mismos.
  • Permitirnos ser débiles de vez en cuando.
  • Demandar a los demás el mismo respeto, cariño, afecto y reconocimiento que les damos.

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